Del intercambio al inconsciente estructural, el principio de reciprocidad en Lévi-Strauss

Del intercambio al inconsciente estructural, el principio de reciprocidad en Lévi-Strauss

 

Juan Carlos Dozal Varela

Etnología

Escuela Nacional de Antropología e Historia

En su libro Historia de la Etnología I: Los precursores [Palerm, 2006], Ángel Palerm compila varios pasajes que narran primeros encuentros entre viajeros del llamado viejo continente y poblaciones, tanto en Asia como sobre todo en América, antes desconocidas o de las que sólo leyendas dieron anterior cuenta. Este tipo de relatos resultan muy elocuentes: dan cuenta de las reacciones de estos viajeros ante hechos humanos previamente desconocidos. Dejando de lado el aspecto de la duda sobre la humanidad del otro, resalta el hecho de que, en ausencia de códigos comunes, los individuos de uno y de otro lado (es decir, forasteros y nativos) se vieron forzados a adaptarse de inmediato a situaciones inusitadas, comenzando con el simple contacto, el simple estar cara a cara con quién sabe quién o qué, a todas luces dotado de una capacidad de acción y reacción mediada acaso por una decisión. Ya sea la beligerancia, el intercambio o incluso el baile fueron surgiendo como medidas para estandarizar comportamientos y concepciones sobre el otro, para comunicarse.

En cierta escena, se narra la llegada de un barco a alguna isla del caribe. Solitario en la isla, se encuentra un hombre como ningún otro que se hubiese visto antes. Él canta y baila viendo hacia la costa, de una manera que desconcierta a los recién llegados. Pero viéndose en aprietos después de un viaje arduo, se ven en la necesidad de mostrarse en son de paz y buscar alguna cooperación. De manera que el capitán del navío manda a un tripulante a tratar de llevar ese mensaje. Éste, claramente indeciso sobre qué hacer, comienza a imitar la danza de aquel hombre, tras lo cual el nativo echa a reír, y, presumiblemente, se consiguió llevar a cabo el mensaje.

Claude Lévi-Strauss, en sus Estructuras elementales del parentesco, comenta que en las formas no cristalizadas de la vida social, como es el caso que describo arriba, “tal vez encontremos vestigios aún frescos de experiencias psicosociales muy primitivas y de las que buscaríamos en vano el equivalente en la escala, irremediablemente inferior, de la vida animal o en la otra, muy superior de las instituciones arcaicas o salvajes” [Lévi-Strauss, 1993: 100]. Se insinúa un poco de sarcasmo en estas palabras: páginas atrás ha probado la futilidad de esta búsqueda. El etnólogo francés no hace sino refrendar así su postura, que es clave en la corriente que inició en la antropología: las explicaciones históricas no bastan a la etnología, no llevan a comprender más que los simples accidentes del transcurrir del tiempo, e incluso pueden llegar a razonamientos exagerados e incomprobables como en el caso de la reconstrucción histórica difusionista.

Así pues, cuando habla de “experiencias psicosociales muy primitivas” o de “instituciones arcaicas o salvajes”, sugiere que la búsqueda de lo natural y lo cultural está no en el desarrollo comparado sino en la coherencia interna de los sistemas culturales; no en la historia sino en la mente humana. Son precisamente estas experiencias psicosociales las que permiten a Lévi-Strauss hablar de la “estructura inconsciente del espíritu humano”, postulado sobre el que se basan sus procedimientos etnológicos, que permiten explicar tanto hechos como los primeros contactos, los mitos, el rito, el arte, el totemismo y muchos otros, toda explicación fundamentada en la naturaleza simbólica del ser humano.

La separación fáctica entre naturaleza y cultura, es, por otro lado, inexistente. Es fácil concebirla cuando comparamos hechos como la salivación y la articulación de una danza, pero las cosas se complican incluso en estos hechos. “La cultura no está ni simplemente yuxtapuesta ni simplemente superpuesta a la vida. En un sentido la sustituye; en otro, la utiliza y la transforma para realizar una síntesis de un nuevo orden” [ibid.: 36]. La biología no basta para explicar nuestros comportamientos sociales o individuales, y una reflexión intercultural basada exclusivamente en ellos podría hablarnos de variabilidad cultural, pero no de naturaleza y cultura. Así pues, Lévi-Strauss asume como fundamental la distinción, pero sólo por su fertilidad metodológica; a fin de cuentas, los humanos somos naturalmente culturales.

El orden de lo natural se caracteriza por la universalidad y la espontaneidad, mientras que el de lo cultural está caracterizado por la relatividad y la regulación. Aquello que sea universal en el ser humano, pertenecerá, por tanto, al orden de lo natural, y hallará como condición de existencia la reglamentación, que no es sino la intervención colectiva sobre los hechos de orden natural. Para Lévi-Strauss, el paso de naturaleza a cultura (que, como ya vimos, no es un abandonar un orden para ingresar a otro) encuentra su expresión en la prohibición del incesto: en toda sociedad humana conocida existen reglas que prohíben el matrimonio y las relaciones sexuales entre individuos con ciertos lazos de parentesco. Sin embargo, no todas las culturas prohíben a los mismos parientes.

No nos detendremos aquí a especificar las críticas que hace Lévi-Strauss a las explicaciones que de este fenómeno se habían producido. Baste con dejar sentado esto para ahondar en el fenómeno que da explicación, según Lévi-Strauss, a este universal: el principio de reciprocidad.

El don, el hau, el Mauss y la Intervención colectiva

El Ensayo sobre el don, aparecido por primera vez en 1925 y compilado junto con otros textos de Marcel Mauss en Sociología y Antropología, con introducción por Lévi-Strauss, demuestra, con base en un estudio comparativo, la importancia de los “regalos” en las sociedades llamadas primitivas.

Efectivamente, en muchas sociedades en las que la moneda es inexistente o de existir tiene funciones muy distintas a las que le asignamos, el don juega un papel clave en el intercambio de bienes y servicios, asegurando no sólo la distribución de los mismos, sino sobre todo complejos sistemas de prestaciones y contraprestaciones, alianzas y jerarquías que cohesionan grupos. El don puede alcanzar un refinamiento ritual muy grande, como lo es el caso del Potlach, el Kula o la Navidad.

El Essai sur le don pone en evidencia varios aspectos del don:

–        El don produce obligaciones morales en los que toman parte en él. El donador hace un regalo, a veces aparentemente desinteresado, pero que en el fondo implica la voluntad de entrar en un ciclo de reciprocidad con el otro. Es una apuesta, a partir de conocimiento previo, de que el otro reciprocará de determinada manera: con el mismo valor (si no, y se da, con exactamente el mismo objeto o un objeto de la misma clase) o simplemente no llegará a reciprocarlo en un solo acto (con lo cual se reafirmará una jerarquía). Recibir forma parte también de las obligaciones, pues negarse a recibir es negar al otro. Devolver es el acto de consumación de un acto de reciprocidad.

–        Otra característica central del don es su naturaleza agonística. El donador, dice Mauss, inmediatamente se coloca en una posición superior, hecho sobre el otro no puede sino reaccionar y reciprocar y buscar equilibrar la relación. El don es el hecho principal en el doble juego de las alianzas y rivalidades. Un ejemplo: en el Potlach, se desarrolla un movimiento centrífugo de dones desde el jefe familiar a aquellos en su patrilínea. Con esto, el jefe cristaliza su jerarquía respecto a sus familiares; por otro lado, lanza dones a otros jefes que deben reciprocar so pena de caer en la inferioridad. Este agonismo se vuelve pleno cuando, en respuesta, se desprecia el don o se ignora. Así, un desprecio del don significa una humillación y se pone en juego el honor, tema en el que abunda Mauss.

Dada esta triada de obligaciones, Mauss se pregunta: “¿Cuál es la regla de derecho y de interés que hace que, en las sociedades de tipo primitivo o arcaico, el presente recibido se devuelva obligatoriamente? ¿Qué fuerza hay en la cosa que se da que hace que el donatario la devuelva?” [Mauss, 1971: 157]. A manera de respuesta, Mauss introduce un concepto Maorí, (práctica que había llevado a cabo junto con Durkheim al hablar de mana[1]): el hau, que expresa en términos animistas precisamente dicha fuerza. Al don se le imprime el hau de la persona y resulta pues que el don mismo tiene un hau. El hau busca naturalmente retornar a su origen, por lo que retener un hau ajeno (negarse a reciprocar) no sólo constituye una ofensa al hau del otro, y por extensión a su persona, sino también un peligro para quien lo retiene. Resulta fácil entender la fascinación y utilidad que Mauss le encuentra al concepto: es como si aquel anciano maorí (el informante que cita) estuviese haciendo sociología durkheimiana. El hau expresa de manera clara la naturaleza del don como cohesivo social, basado en una conciencia moral compartida.

Es precisamente en el hau donde Lévi-Strauss hiende su crítica, pero sobre esto estaremos volviendo. Por otro lado, Godelier ha señalado que probablemente a Mauss se le pasó la mano extrayendo de contexto el concepto [Godelier, 1998: 31].

El don es un hecho social total: una reflexión quizás novedosa para su época; Mauss insiste en que todo fenómeno social y sobre todo aquellos que recoge la etnografía de los pueblos no occidentales, debe ser estudiado no particionadamente en cuanto a meras relaciones sociales, so pena de seccionar la realidad erróneamente; sino incluyendo todo dato asequible en torno a dicho fenómeno: mitos, rituales religión, economía, parentesco… sólo así se podrá dar cuenta de él, “reconstruir” la totalidad tras haber estudiado los fragmentos. Totalidad no se refiere a la simple suma de partes: se refiere a la coherencia interna del fenómeno que se estudia.

En su introducción, Lévi-Strauss hace particular énfasis en el hecho social total y de alguna manera lo traduce en términos estructuralistas: mientras Mauss considera que el hecho social total representa “lo esencial, el movimiento del todo, su aspecto vivo, el instante veloz en que la sociedad y los hombres toman conciencia sentimental de sí mismos y de su situación vis a vis de los demás” [íbid.: 260], Lévi-Strauss habla de sistemas, sobreentiéndase los sistemas semióticos que conforman la cultura.

Para Lévi-Strauss, el hecho social total:

-Implica que lo social sólo es real cuando está integrado en un sistema, que supercede la noción de lo social concreto y se vuelve apto para ser estudiado en abstracto, comparativamente, con miras a descubrir órdenes más profundos.

-Requiere de una antropología, es decir, un sistema de interpretación que rinde cuenta simultánea de los aspectos físico, fisiológico, psíquico, y sociológico (de ahí económico, tecnológico, religioso, mítico, jurídico…).

-Es también un llamado a observar que el objeto de estudio y el sujeto de conocimiento son de la misma naturaleza.

 ”Para comprender adecuadamente un acto social es necesario considerarlo en su totalidad, es decir, desde fuera, como una cosa, pero como una cosa de la que forma parte integrante la consideración subjetiva (consciente o inconsciente) que adoptaríamos, si, hombres al fin, viviéramos el hecho como un indígena y no como un etnógrafo. El problema está en saber cómo se puede llevar a cabo esto […]”  [Lévi-Strauss en íbid.: 26]

Así pues, el sujeto ha de objetivarse a sí mismo, y reintegrar su análisis de los objetos de la etnografía en su subjetividad.

“[Con el Essai sur le don] por primera vez en la historia del pensamiento etnológico se lleva a cabo un esfuerzo por superar las observaciones empíricas y llegar a realidades más profundas. Por primera vez, lo social […] se transforma en un sistema, entre cuyas partes pueden descubrirse conexiones, equivalencias y solidaridades.” [Lévi-Strauss en ibid.: 29]

La necesidad del equilibrio de dones y contradones impone un principio lógico que permite abstraer y deducir operaciones en una amplia variedad de hechos sociales, “distinguir un dato puramente fenomenológico, del cual no se ocupa el análisis científico, de una infraestructura más simple, a la cual debe su ser” [Lévi-Strauss en íbid.: 30]. Así pues, el don representa no sólo un hecho empírico, sino también la evidencia de una ley estructural del equilibrio de prestaciones y contraprestaciones. Esto permite a la etnología cortejar con los principios del análisis fonológico: dentro de cierto hecho empírico, la presencia o ausencia de elementos tales como ciclos de reciprocidad se entiende necesariamente desde la estructura y no desde sus apariciones individuales; desde las relaciones entre los elementos y no desde el análisis atomizador de éstos.

Ahora bien, para Lévi-Strauss, estos avances que en Essai sur le don logra Mauss no son llevados hasta el final: si bien el objeto es llegar a realidades más profundas, a la hora de explicar esa fuerza que obliga a los dones a regresar al donador, se cede en favor de una categoría que para Lévi-Strauss no es más que una racionalización consciente de un hecho que es de naturaleza inconsciente.  Mauss no logra encontrar en los hechos el acto social total del [inter]cambio[2], de aquella fuerza que hace circular y que hace necesaria la obligación del mismo, la virtud que les obliga a circular. “El hau no es la razón última del cambio, sino la forma consciente bajo la cual los hombres de una sociedad determinada, en que el problema tenía una especial importancia, han comprendido una necesidad cuya razón es otra.” [Lévi-Strauss en íbid.: 33]

El contra-don como antítesis del don no es sino una ilusión subjetiva, cuyo anverso objetivo es que pertenecen a un mismo nivel de análisis, el de la totalidad estructurada, en la cual dar y recibir son dos caras de una misma moneda, en el proceso global del [inter]cambio (entendido como la motilidad constante de objetos, mensajes y de mujeres).

 

Del don a la prohibición del incesto o la razón estructural del “preséntame a tu hermana”

Como habíamos dicho, Lévi-Strauss ubica en esta prohibición aquella regla universal que delata el paso de naturaleza a cultura. La explicación se basa en el principio de reciprocidad, delineado por Mauss y utilizado a manera de principio estructural por Lévi-Strauss.

Los sistemas de parentesco imponen un orden cultural al hecho biológico de la consanguinidad y la reproducción: definen, por un lado, el conjunto de consanguíneos reconocidos (pues es preciso convenir qué parientes son denominados consanguíneos so pena de admitir que toda la humanidad comparte lazos de sangre), y por otro los cónyuges, y establecen la institución, más o menos universal, del matrimonio. La naturaleza impone la necesidad de la reproducción, pero deja vacía la determinación de quiénes son los cónyuges que se unirán por el hecho social de la descendencia. Aquí la cultura llena esos vacíos: uno no se puede casar con cualquiera.

Una función de la prohibición del incesto sería, en este sentido, el imponer un principio de orden, el de la cultura diciéndole “hasta aquí” a la naturaleza. La consecuencia primera de esto es la exogamia: al prohibir la unión sexual y matrimonial entre cierto número de parientes, se conforma una unidad exogámica funcional[3] con ellos, que expresa sólo un límite conceptual, y fuera de la cual el matrimonio es exogámico per se[4].

“El dominio de la naturaleza se caracteriza por el hecho de que sólo se da lo que se recibe. El fenómeno de la herencia expresa esta permanencia y esta continuidad. En el dominio de la cultura, por lo contrario, el individuo recibe siempre más de lo que da y al mismo tiempo da más de lo que recibe. Este doble desequilibrio se expresa respectivamente en los procesos, inversos entre sí, y a la vez opuestos al precedente, de la educación y de la invención.” [Lévi-Strauss, 1993: 66]

Hay procesos naturales de repetición: la reproducción biológica efectúa la copia de materiales genéticos y la formación de nuevos seres, que a su vez, tienden a repetir sus comportamientos dentro de un ecosistema. La cultura, a través de la educación, acumula y estructura comportamientos en los individuos; y a través de la invención, acumula y sustituye comportamientos en las culturas. Se vuelve necesaria la regla: un discurso normativo implementado en el seno de una sociedad.  La cultura impone sobre la naturaleza un principio de intervención, que, dada la esencia social del humano, es una intervención colectiva.

Así, pues, para Lévi-Strauss, la prohibición del incesto tiene la función dentro del sistema de parentesco de reglamentar el acceso a las mujeres del grupo[5], interponiendo el principio de reciprocidad: el fenómeno central en el matrimonio es, pues, no la filiación como sostienen los funcionalistas ingleses, sino la alianza. La naturaleza impone la necesidad de la alianza, pero no define cómo se han de aliar los grupos.

Los matrimonios no se reducen a una simple unión de dos personas: los que se alían no son los individuos, sino las colectividades. “El matrimonio es una institución de tres: los grupos que intercambian y el grupo más vasto en el que se insertan […] La alianza […] es una regla de intercambios recíprocos” [Simonis, 1969: 41-42]. Si yo renuncio a las mujeres de mi grupo exogámico funcional, es porque los otros grupos también renunciarán a las suyas.

Lo que ha hecho Lévi-Strauss hasta aquí es extender el principio de reciprocidad sentado por Mauss en el Essai sur le don a este fenómeno fundamental de la vida colectiva. Siguiendo a Mauss en lo que al método se refiere, comienza a demostrar la contigüidad simbólica de las mujeres y los alimentos; cómo en datos de la tradición oral de las más distantes latitudes se sustituyen metafóricamente unos a otras[6], cómo incluso se expían las uniones incestuosas con grandes festines, cómo algunas costumbres alimenticias exigen abstenerse de consumir los alimentos que uno cosecha[7], cómo, en nuestras sociedades, existen ciertos productos destinados casi exclusivamente a su consumo compartido (como el alcohol, cuyo consumo individual suele considerarse desafortunado).

Una crítica frecuente a esta explicación de la prohibición del incesto es que olvida que la prohibición es sobre el contacto sexual, no sólo sobre el matrimonio. No compartimos esa opinión: el intercambio sexual, en lo que al parentesco se refiere, está siempre semánticamente contiguo al matrimonio, y en ausencia de contracepción (ésta última muy difundida), son casi consecuencia una de la otra[8]; por otro lado, si la prohibición tiene un fundamento inconsciente (de otra manera no se explicaría la amplia variabilidad de discursos que existen acerca de sus motivos), en términos levistrosianos esto implica que las asociaciones simbólicas subyacen a la conciencia. Por lo tanto la misma estructura (en este caso, la que hecha a andar el principio de reciprocidad) se hace extensible de manera más o menos libre en varios campos semánticos. En palabras de Lévi-Strauss:

“[…] la repugnancia que experimenta un campesino meridional al beber de la propia botella de vino proporciona el modelo según el cual se construyó la prohibición del incesto. Por cierto, ésta no proviene de aquélla. Sin embargo creemos que ambas constituyen fenómenos del mismo tipo, que son elementos de un mismo complejo cultural o, más exactamente, del complejo fundamental de la cultura” [Lévi-Strauss, 1993: 101]

De la reciprocidad al inconsciente

El paso entre ambos está comentado extensamente en un libro de gran claridad didáctica: Claude Lévi-Strauss o la pasión del incesto de Yvan Simonis, así que este apartado se apoya en gran medida en él.

Como vimos, el principio de reciprocidad explica la prohibición del incesto. Pero ahora es preciso explicar la reciprocidad, incursionar en los terrenos del hau para arrebatar la razón de su universalidad y de la predictibilidad de sus operaciones: la necesidad de la reciprocidad es inconsciente, pero volveremos a esto.

Cuando Lévi-Strauss establece que la prohibición del incesto responde a una Intervención colectiva sobre el acceso a las mujeres, en donde el sistema tenderá a preferir y maximizar la equidad de oportunidades para todos, comienza a cortejar con la idea del inconsciente:

“Si se objeta que semejante razonamiento es demasiado abstracto como para surgir en la mentalidad de un ser humano primitivo, bastará con señalar que el resultado, que es lo único que interesa, no supone un razonamiento formal, sino sólo una resolución espontánea de tensiones psicosociales que constituyen datos inmediatos de la vida colectiva”. [Lévi-Strauss, 1993: 79]

Aquí, Lévi-Strauss comienza a cortejar con la idea del inconsciente, a nivel de la cultura: la intervención colectiva sobre las bases de un ‘igualitarismo’ que deviene de un pretendido control inevitable de las pasiones (tensiones psicosociales), que, a su vez, se traduce, en el nivel consciente de las reglas, en una diversidad de discursos sobre la misma prohibición.

La prohibición del incesto como principio de reciprocidad en el intercambio de mujeres se puede observar de manera particularmente clara en las sociedades llamadas dualistas: aquéllas que se componen de dos grupos de alguna manera discretos, que muchas veces también comparten relaciones rituales de alianza y rivalidad, representadas en oposiciones en los nombres y los atributos de cada grupo la oposición del blanco/rojo, blanco/negro, día/noche, oso/cuervo, etc. De subdividirse, siempre tienden a hacerlo en forma simétrica: grupos de cuatro, de ocho… Las mitades pueden ser o no ser exógamas, es decir, intercambiar mujeres, pero sin duda siempre hay una relación de reciprocidad, rivalidad y cooperación.

Ahora bien, Lévi-Strauss polemiza que no son las mitades mismas, definidas en abstracto por alguna convención, las que definen los sistemas dualistas: son más bien las relaciones más próximas donde se expresan para el sujeto estas mitades. De manera que la organización dualista es “menos […] una institución identificable según rasgos precisos que […] un método aplicable a la solución de problemas múltiples” [Lévi-Strauss, 1993: 123]. La historia transcurre: se ven rupturas, enemistades, migraciones, pero los sistemas duales conservan su rasgo distintivo: establecer oposiciones binarias, mediadas por la reciprocidad, principio básico no sólo de las relaciones sociales, sino de la comunicación misma.

El matrimonio por intercambio y las organizaciones dualistas son, entonces, ya no una forma primitiva de matrimonio que evita el incesto torpemente, sino un caso privilegiado, una manifestación particularmente clara de la omnipresencia de la reciprocidad en el fenómeno del matrimonio, y no sólo eso, sino la presencia de un principio regulador, un todo antecediendo a las partes, una estructura de orden lógico que antecede sus evocaciones en la realidad empírica.

“A nivel cultural, la reciprocidad es el testimonio obligado de una estructuración natural inconsciente, responsable del surgimiento del pensamiento simbólico y, simultáneamente, de la prohibición del incesto” [Simonis, 1969: 45]

La reciprocidad explica la prohibición del incesto dentro del fundamento mismo de la cultura (que es el surgimiento de la aptitud simbólica), fundamento inconsciente, estructurador de la realidad. Este momento de capital importancia indica el paso de la naturaleza a la cultura, de las mujeres de estimulantes naturales a signos en circulación.

“[…] el juego sabio de los intercambios (en los que, a menudo, no hay más transferencia real de la que se encuentra entre los jugadores de ajedrez, al avanzar las piezas alternativamente sobre el tablero, únicamente con la intención de provocar una respuesta) consiste en un conjunto complejo de maniobras, conscientes o inconscientes para ganar seguridades y precaverse contra riesgos en el doble terreno de las alianzas y las rivalidades.” [Lévi-Strauss, 1993: 93]

En el plano de los datos empíricos, se manifiesta en el sistema de prestaciones y contra-prestaciones, mediado por la obligación moral, un conjunto de ventajas a nivel de las seguridades y la fortificación de solidaridades. Ahora bien, lo que Lévi-Strauss menciona en el ejemplo de los ajedrecistas no debe pasarse por alto. Existe en este orden de relaciones diádicas el imperio de la respuesta, mismo que se manifiesta en otros intercambios –la transacción, la cesión condicionada de las mujeres, la comunicación (que, en cualquier sistema[9], requiere de una retroalimentación para funcionar)–: un complejo inconsciente de leyes sincrónicas que encaminan los acontecimientos en la diacronía, vinculado con una homeostasis de tensiones psicosociales, por otro lado inalcanzable, pues ella misma requiere tanto de una inestabilidad constante como de la naturaleza agonística del don.

La idea de estructura inconsciente halla aquí su lugar: ella antecede y supercede a los individuos, y, al contener su propia explicación, dada su naturaleza eminentemente lógica, es posible hablar de ella en términos de un sistema de oposiciones: “Lo que define a las relaciones no son las cualidades objetivas o los caracteres innatos de los individuos, sino el signo de la alteridad, que no es sino la consecuencia de determinada posición en una estructura. Por lo tanto, primero es la estructura, […] que actúa “inconscientemente de“ [Simonis, 1969: 56].

Pero ¿qué es una estructura inconsciente? Es un sistema estructurado del comportamiento y de la percepción, universal, pero que adquiere distintas formas en lo empírico. El inconsciente  “es siempre vacío o, más exactamente, es tan extraño a las imágenes como lo es el estómago a los alimentos que lo atraviesan. Órgano de una función específica, se limita a imponer leyes estructurales a elementos inarticulados que vienen de otra parte […]” [Lévi-Strauss, 1987: 226]

“Afirmar, tal y como lo hicimos en el último capítulo, que un estudio histórico o geográfico no podría agotar el problema de origen de las organizaciones dualistas y que para comprobarlas debe recurrirse a ciertas estructuras fundamentales del espíritu humano sería una proposición sin sentido si no fuéramos capaces de percibir en qué consisten estas estructuras” [Lévi-Strauss, 1993: 125]

 

Consisten en:

-La Regla como Regla. Se conviene y se requiere que un don exija un contra-don; por otra parte, reglas conscientes (normas) y reglas inconscientes (leyes estructurales combinatorias) se corresponden mutuamente de cierta manera.

-“Reciprocidad considerada como la forma más inmediata en que puede integrarse la oposición de yo y el otro” (Lévi-Strauss, 1993: 126)

-El carácter sintético del don: convierte a ambos en partenaires y agrega una nueva calidad al valor transferido. (ídem)

Se ha podido observar, en el manejarse de los niños, que los comportamientos de reciprocidad acompañan al desarrollo mental en cuanto se percibe que el otro también posee una subjetividad, cuando se opone al yo y finalmente se comprende la necesidad de cooperación, al grado de que se desean las cosas no por una sola atracción del sujeto a ellas, sino en relación con la posesión de ellas que tienen otros.

Por otro lado, los niños poseen al nacer la totalidad de las posibilidades del sistema fonador, pero desde muy temprana edad comenzarán a hacer uso exclusivo de los fonemas que la cultura conserva como unidades articulatorias. De manera similar, postula Lévi-Strauss, los infantes poseen la totalidad de las posibilidades en cuanto a estructuras de la cultura se refiere, de las cuales cada cultura retiene y desarrolla sólo un número limitado.

Lenguaje, parentesco, inconsciente y el pensamiento simbólico

Esta estructura, vimos, es de naturaleza inconsciente, tal como la lengua. La naturaleza de la lengua es construir órdenes a través de la articulación de elementos, con ciertas reglas que se pueden descubrir conscientemente, como es el caso de la sintaxis a nivel de la gramaticalidad de las oraciones; o que requieren un análisis más profundo para evidenciar sus leyes estructurales, como es el caso del nivel fonológico. Pero en todo uso cotidiano, en el habla, estas leyes operan en un nivel inconsciente, así se transmiten y rigen la pauta de la inteligibilidad de los códigos: orden y significación van muy de la mano.

Lévi-Strauss postula, entonces, dos principios fundamentales: a) los sistemas de parentesco, como la lengua, constituyen sistemas que responden a ciertas leyes estructurales y se pueden estudiar con métodos similares; y b) estas leyes estructurales son inconscientes, racionalizadas a través de la consciencia en reglas que operan a nivel del discurso empírico, y que por otro lado hablan de la necesidad humana de clasificar e inteligir.

“Un sistema de parentesco no consiste en lazos objetivos de filiación o consanguinidad dados entre los individuos; existe sólo en la consciencia de los hombres: se trata de un sistema arbitrario de representación, no del desarrollo espontáneo de una situación de hecho.” [íbid: 28]. Lengua y Sistema de parentesco van de la mano.

FUNCIÓN            SISTEMA                           ACONTECIMIENTO

Lenguaje        comunicar          lengua                                  habla

Parentesco     alianza               sistema de parentesco      relaciones empíricas

La naturaleza del don es, en esencia, sígnica, con lo cual es a la vez un hecho natural que opone de manera dinámica y dialéctica al equilibrio y al desequilibrio, como sobre todo un hecho cultural en cuanto que los intercambios de este tipo están recubiertos de connotación y significado, y constituyen mensajes que, en su especificidad, llaman a un análisis semiótico. Para Lévi-Strauss, la etnología es una semiótica de la cultura.

Para este autor, tanto el matrimonio como la economía como el lenguaje comunican. Sólo que uno comunica mujeres, otro bienes y servicios, y otro mensajes.

La aptitud para pensar las relaciones biológicas en formas de sistemas de oposiciones constituye el hecho primario del paso a la cultura y permite explicar la prohibición del incesto. “[…] la dualidad, la alternancia, la oposición y la simetría, tanto si se presentan en formas definidas como si no, constituyen menos fenómenos a explicar que los datos fundamentales e inmediatos de la realidad social, en los que hay que reconocer el punto de partida de cualquier explicación” [Lévi-Strauss en Simonis, íbid: 60]

Esto sugiere que “la explicación de la realidad social se apoye en una lógica binaria cuyas características quedan así apuntadas. El mismo sentido de la función del intercambio estriba en la presencia en él de dichas características. El intercambio supone que nuestro espíritu funcione con esas bases.” [ídem]

Cómo se presentan dichas características en el intercambio?

a)     Dualidad: A/B , El intercambio exige relaciones diádicas en todo momento: donador/donatario, don/contradon; y triádicas en cuanto se hallan oposiciones en otro nivel:

b)     Alternancia: En intercambio matrimonial en sociedades dualistas, el fenómeno de filiación alternada por generaciones. En cualquier intercambio, la naturaleza dinámica del don: se da cierto objeto, que se equipara entonces con cierta obligación social de devolverlo. Así, la alternancia en el intercambio se nos presenta como una dinámica de significación: el don es significante de cierta intencionalidad de “imposición moral”, pasando el don de D0(el objeto del intercambio en estado de reposo) a D-> (el objeto puesto en significación), buscando así, inherentemente, un D<- directo o indirecto (intercambio directo o generalizado).

a)     Oposición: AvB (A ó B), sea la oposición institucionalizada (clanes, linajes) o creada in situ en el acto mismo del don, dentro de una misma clase.

b)     Simetría: se presenta la naturaleza agonística del don: al cumplirse el contra-don con un valor equivalente, se equilibra la relación con simetría: más al no darse el caso, la “deuda” se mantiene sobre la base de la ausencia de la simetría y cristaliza en relaciones jerárquicas (asimétricas) de orden cultural por encima de la equidad natural biológica. En tanto individuos, los humanos son iguales para un grupo dado, discriminado conceptualmente; mas las relaciones jerárquicas introducen un orden cultural estabilizado ya sea por el don asimétrico (como en el caso del potlach, en el que la asimetría del don significa un estatus mayor del donador; o en nuestras sociedades los regalos navideños hechos a los niños, que éstos no pueden compensar del todo)  o por la fuerza física (el sometimiento); e incluso se pueden dar ambas opciones de manera simultánea (la explotación del hombre por el hombre racionalizada como “deuda impagable”, como en el caso de los faraones egipcios que, al mediar con las fuerzas sobrenaturales, daban a sus súbditos infinitamente más de lo que éstos pudieran contribuir [Godelier, 1998: 271-274])

Si principios de fonología y principios del parentesco pueden hacerse coincidir tanto, ambas caracteres humanos comparten algo en común: ambos obedecen a una capacidad simbólica, necesariamente presente en el humano desde que es humano, pues tanto el principio de reciprocidad como la lengua articulada mantienen una coherencia tal entre sí que la sociedad humana no es posible sin ambos.

Esta capacidad no es otra que la de significar, la capacidad de tomar cosas y atribuirles un valor que per se no tienen ellas mismas. El signo es, dicho en palabras de Umberto Eco, simplemente “algo que sustituye a otra cosa”. La naturaleza del signo es primariamente arbitraria. Así, tomamos nuestra capacidad de producir sonidos con el sistema fonador y articulamos sonidos que devienen en mensajes, tomamos piedras y las convertimos en martillos, las mujeres representan alianza y división sexual del trabajo, y pasan en palabras de Lévi-Strauss, de “estimulantes naturales a signos”, sólo que signos que producen signos y significan también a los varones tanto como “estimulantes” como cónyuges. Tomamos objetos y los convertimos en dones: inevitablemente arbitrario, el signo demanda un otro, un receptor, alguien que comparte códigos, un otro sin el cual el mensaje no tiene razón de existir. Un otro que, en el relato al principio de este trabajo, danza para acercar al otro; podrá bailar para cortejar, para declarar la guerra o simplemente para disfrutar: pero indudablemente, bailará siempre la danza de los signos.

Bibliografía

Fox, Robin, Sistemas de parentesco y matrimonio, Alianza, Madrid, 1980

Godelier, Maurice, El enigma del don, Paidós, Madrid, 1998

Lévi-Strauss, Claude, Antropología estructural, 1987

______________________, Las estructuras elementales del parentesco, Planeta-Agostini, México DF, 1993

Mauss, Marcel, Sociología y antropología. Introducción por Claude Lévi-Strauss, Tecnos, Madrid, 1971

Simonis, Yvan, Claude Lévi-Strauss o la pasión del incesto

NOTAS: 


[1]
[1] Mana se refiere a una suerte de “átomo de la magia” y surge de la misma lengua.

[2]
[2] En la traducción de que disponemos, se utiliza la palabra cambio, que consideramos que puede dar lugar a confusiones. En francés se lee échange, que se refiere a la noción de intercambio sin incluir la de transformación.

[3] Es decir, un ente social discreto dentro del cual no debe haber reproducción.

[4]
[4] No confundir esta exogamia “funcional” con lo que Lévi-Strauss llamaría exogamia verdadera, cuyos límites están marcados ya no por la prohibición del incesto, sino por otros criterios como lengua, cultura, raza, etc.

[5] En este nivel se comienza a entender “regla” en ambos sentidos: la consciente, discursiva, y la inconsciente, principio natural ordenador del comportamiento. Sobre esto volveremos varias veces.

[6]
[6] “Véanse las versiones griega y camboyana de Piel de Asno, en el cual el rey presenta en forma simbólica sus deseos incestuosos para con su hija: “Un hombre tiene un cordero que él mismo educó y alimentó. ¿Qué es mejor, que se lo coma él mismo o que sea otro quien se lo coma?” [Lévi-Strauss, 1993: 98]

[7]
[7] “Tu propia madre| Tu propia hermana| tus propios puercos| tus propios ñames que tú has apilado|No puedes comerlos|Las madres de los demás|Las hermanas de los demás|Los puercos de los demás|Los ñames que los demás apilaron| Puedes comerlos” [Aforismo Arapesh, íbid.: 61]

[8] Digo “casi” porque muchas culturas no asocian el intercambio sexual directamente con la descendencia; sin embargo, aun en esos casos el matrimonio y las parejas sexuales están íntimamente asociados (cfr. Fox, 1980)

[9] Sería interesante ahondar en la teoría de sistemas para realizar una comparación crítica más profunda.

Descargar en PDF

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s